Luego de más de dos años del lanzamiento del Final Cut Pro X y a poco de la próxima actualización, que se espera que sea ya la 10.1, sigue habiendo controversias acerca de si está en condiciones de usarse en el mercado profesional, sin embargo la mayoría de las críticas provienen de gente que no ha dedicado tiempo a estudiarlo y, por sobre todo, lo ha hecho sin seguir algún libro o curso en video. Dado que el método de trabajo es distinto a lo que estamos acostumbrados es necesario tener algún tipo de guía.

Quienes no tienen experiencia previa con softwares de edición aprenden mucho más rápido cómo usarlo, lo que habla de adónde está la dificultad para los que tenemos muchos años usando el Final Cut Pro “original”, el Avid Media Composer o inclusive el Adobe Premiere Pro.

Esto hace que las casas de postproducción más tradicionales sean reticentes a dar el salto hacia Final Cut Pro X y opten por pasar a Premiere, a Avid o mantenerse con el Final Cut Pro 7,  lo que sirve para mantenerse a la espera, pero no es el camino a mediano plazo porque con los archivos generados por las cámaras actuales se notan los años que tiene y la falta de una arquitectura de 64 bits. No falta mucho tiempo para que el FCP7 deje de ser una opción práctica.

El Final Cut Pro X está siendo adoptado básicamente por dos grupos de editores: Aquellos que no tienen miedo en apostar por algo distinto a lo conocido (con sus pro y sus contra) y por otro lado jóvenes que no tienen experiencia previa pero son muy talentosos y se encuentran editando de un modo más intuitivo y en menos tiempo que utilizando cualquiera de los tradicionales NLE.

A pesar de que el Final Cut Pro X ha mostrado ser mucho más eficiente en términos de productividad en muchos proyectos a gran escala aún no consigue hacerse un lugar en la mayoría de las casas de postproducción que no se han animado a probarlo seriamente.

He tenido la oportunidad de hacer dos proyectos que involucraban una agencia de publicidad importante de Estados Unidos, dos jornadas de rodaje con Arri Alexa en Europa, corrección de color en Baselight, mezcla de audio en Pro Tools y la composición e integración de un personaje animado conviviendo con actores reales. No tuve ningún problema durante el proyecto y pude cumplir con la entrega en tiempo y forma de cada uno de los archivos que fue necesario generar para cada una de las partes del equipo que intervino.

En un mercado que cada vez tiene más ajustados los presupuestos y los tiempos de entrega, aquellas casas de posproducción que no se vayan adaptando a herramientas más productivas van a terminar perdiendo frente a otras de menor escala pero más eficientes, algo que viene pasando desde hace unos años del mismo modo de que cada vez se ven más jóvenes en las agencias y en las productoras.

Atrás quedaron ya los tiempos donde se requería mucha experiencia para operar una moviola, una isla de edición lineal o un software de edición que requiere horas de estudio antes de poder pegar dos tomas.

Un temor existente es qué pensarán los clientes o la agencia si nos ven editar en lo que muchos han tildado de iMovie Pro. A ellos les importa cómo realizamos nuestro trabajo y no con qué. Cuando piden cosas y en instantes pueden verlas reflejadas en el editado siempre se sorprenden para bien. Eso del iMovie Pro, sólo les preocupa a aquellos editores que se resisten a aprender nuevamente.